martes, 9 de enero de 2018

El registro fósil en la heráldica municipal europea (23)

por Heraclio ASTUDILLO-POMBO,  Universitat de Lleida.

Blasones municipales, de algunas localidades europeas que se muestran orgullosas de su patrimonio paleontológico. (Continuación, parte veintidosava).

El humilde caparazón de un caracol terrestre del Pleistoceno de Viry-Noureuil (Francia)


Viry-Noureuil es un municipio francés, ubicado en el departamento norteño de Aisne, en la región de Hauts-de-France. El 
municipio está situado en el margen derecho del río Oise, en una zona del valle en la que existen grandes depósitos de sedimentos fluviales groseros acumulados en las últimas épocas interglaciales.
Desde finales del siglo XVIII en esta población se explotaron industrialmente los depósitos de gravas de las terrazas fluviales fósiles del río Oise, con destino al balasto del tramo de la línea de ferrocarril que se construía en las cercanías, estando una parte de su economía ligada a esta actividad extractiva. Durante las actividades de explotación de los depósitos de gravas y niveles de arenas, los trabajadores de las graveras hallaron numerosas osamentas correspondientes a muy diversos cuadrupedos "antediluvianos", algunos de los cuales se pudo saber que eran grandes mamiferos prehistóricos. 

Edmon Lambert, vicario de Notre-Dame des Victoires de Paris y paleontólogo francés,  recogió el resultado de sus diez años de prospecciones paleontológicas en las graveras de Viry-Noureuil y en otras de la región de Aisne, en un trabajo monográfico titulado "Mémoire sur le Diluvium de Viry-Noureuil et sur les fossiles qu'il renferme"  que fue presentado en 1863 y publicado en 1865. En la citada publicación Edmon Lambert cuenta que le fueron cedidos o el mismo encontró y recogió abundantes y diversos restos óseos que pudo identificar como pertenecientes diversos mamíferos prehstóricos. Corresponden a: Hyaena spelaea. Goldf., Ursus spelaeus, Elephas primigenius, Elephas antiquus. Falconer, Rhinocéros tichorhinus. Cuv., Hippopotamus, Sus scrofa, Equus fossilis. Cuv., Bos primigenius. Roj., Ovibos moschatus fossilis. Lesson, Cervus tarandus fossilis, Renne., Cervus megaceros. Hart.Cervus primigenius. Kaup. (1)


Aspecto del escudo cívico municipal de Viry-Noureuil (Francia). La figura heráldica que a nuestros fines interesa es la que aparece en la parte inferior de la mitad izquierda del escudo. Esa figura estraña que, a primera vista, cuesta un poco reconocer, representa el caparazón de un caracol de tierra común. La particular disposición de la concha en que no se muestra el orificio de entrada y salida del cuerpo del molusco, dificulta su reconocimiento como aquello que es.
Imagen:
 Ayuntamiento de Viry-Noureuil 



Junto a los huesos de mamíferos y mezclados con ellos, Edmon Lambert también halló e identificó innumerables caparazones de gasterópodos dulceacuicolas y terrestres. Entre los caracoles acuáticos menciona: Cyclas cornea, Drap., C. rivicola, Leach., Pisidium cinereum. At., P. pusillan. Jenins., P. amnicum. id., Succinea oblonga. Drap., S. Pfeifferi. id., S. longiscata, Mor., Bythinia tentaculata (avec opercules). Drap., Paludina ventricosa, Drap, Limnea glutinosa. Lamk., L. palustris. Drap., L. auricularia. Lamk., L. ovata. id., L. vulgaris. Pfeif., Valvata minuta. Crap., Planorbis corneus. Lamk., P. marginaltti. Drap., P. contortus. Müll., P. carinatus. id, Ancylus fluviatilis. id., A. deperditus. Ziègl., A. striatus. Quoy & Gray. 
Entre los caracoles terrestres cita: Pupa unbilica. Drap., P. muscorum. Id., Bulimus lubricus. Brug.,  Helix plebeia. Drap., H. pygmaea. Id., H. pulchella. Id., H. nemoralis. Limn., H. hispida. Id., H. ericetorum. Müll., H. hortensis. Id., (1)


Diferentes aspectos de la concha del caracol de tierra común en huertas y jardines (Cornu aspersum f. máxima = Helix aspersa), según se le mire desde distintas posiciones. En el caso de la representación  heráldica del escudo de Viry-Noureuil, la forma y posición de la concha del caracol helícido, se corresponde con una visión muy poco común, pues es la menos utilizada por los naturalistas, la de arriba a la izquierda.
Imagen: Wikimedia

Se desconocen las causas por las cuales, en su momento histórico cuya fecha actualmente también desconocemos, la población de Viry-Noureuil decidió eligir un vulgar gasterópodo terrestre de la familia Helicidae como uno de los emblemas heráldicos de la comunidad. Tal vez la desmedida afición gastronómica de los franceses por este tipo de animalillos rastreros, pudiera haber sido el motivo que les inclinó a honrarlos y conmemorarlos en el escudo municipal.

Resulta tan sorprendente como admirable la manifiesta humildad heráldica de esta comunidad social, que habiendo podido colocar en su escudo municipal la ostentosa representación de algún cuadrupedo prehistórico de aspecto imponte por sus grandes proporciones corporales, la de alguna bestia temible por su ferocidad o de la de alguno otro de hermoso porte, pues tenían mucho donde escoger, finalmente y contrariamente a lo que aconsejaba la grandilocuencia representativa, optaran por elegir como representante heráldico de su comunidad al humilde, pequeño, rastrero, delicioso y familiar caracol de tierra, común en huertas y jardines.

Una curiosidad heráldico-lingüística que debe remarcarse en este blasón municipal, es que el color negro predominante en este escudo y que tizna la concha del caracol helícido, no es una elección arbitraria, sino que obedece a una coincidencia lingüística y a una voluntad de homenaje popular. La coincidencia lingüística consiste en que el color negro en la jerga heráldica se llama "sable" y que la arena, relativamente abundante en las graveras de Viry-Noureuil, en francés, se denomina también "sable". Como la arena de las graveras había resultado ser un recurso natural cuya explotación había tenido un gran impacto económico positivo se le había querido dar una cierta representación en el blasón municipal como expresión de reconocimiento.



Otras representaciones heráldicas, no oficiales, muy poco afortunadas por su falta de fidelidad al modelo oficial:

Son la que aparece en la entrada de la Wikipedia dedicada a la localidad de Viry-Noureuil (izquierda) y la que aparece en la dedicada por la   Geneawiki al blasón. Resulta muy evidente, incluso para cualquier profano, que las conchas representadas no se asemejan, ni muy remotamente, a la concha de un caracol helícido. Sugerimos a ambas enciclopedias virtuales que realicen la oportuna corrección para no inducir a un error garrafal, a los visitantes poco documentados... ¡De nada!

(1) En la actualidad, por diversas razones, algunos de estos nombres científicos ya no están vigentes pues no se consideran válidos y han sido substituidos por otros más o menos semejantes.




Fuentes

- Anónimo. 2016. Le blason de Viry-Noureuil. Bulletin municipal No 102, novembre 2016, p. 4.

- Cavelier, Patrick. 02820 – VIRY-NOUREUIL (Aisne). L’armorial des villes et villages de France. 
- Lambert, Edmon. 1860. Observations géologiques sur le Diluvium à Viry-Noureuil et à Sempigny. Bulletin de la Société archéologique, historique et scientifique de Soissons. Tome XIV.  p. 16- 24 
- Lambert, Edmon. 1863. Mémoire sur le Diluvium de Viry-Noureuil et sur les fossiles qu'il renferme, presentado en una sesión científica el 17 de novembre de 1863 y publicado en 1865, en el Bulletin de la Société Académique de Laon. Tome XV. p. 24-71.


jueves, 30 de noviembre de 2017

Folclore paleontológico italiano (6)

Heraclio Astudillo-Pombo. Universitat de Lleida

Fósiles relacionados con algunas tradiciones populares sanpaulinas, en Italia (6)

Las antiguas tradiciones lapidarias médicas frente a las nuevas modas lapidarias médicas hegemónicas (2ª Parte)



De cómo las viejas "piedras de sapo" ("pietre di rospo") de Europa, fueron substituidas por los "ojos de serpiente" ("occhi di serpente") procedentes de Malta, hacia el final de la Edad Media


Introducción

En cuanto a la substitución de las llamada piedras de sapo (pietre di rospo) europeas, de tradición mágica y origen pagano, por otras semejantes llamadas ojos de serpiente (occhi di serpente) de tradición religiosa y origen cristiano, procedentes de la isla de Malta, resultó ser un proceso cultural algo más complejo que en el caso de la sustitución de las viejas piedras lengua o glossopetras, también de tradición mágica y origen pagano, por las nuevas lenguas de serpiente (lingue di serpente) y lenguas de san Pablo (lingue di san Paolo), también de tradición religiosa y origen cristiano, procedentes de la isla de Malta que fue presentado en una entrada anterior, publicada el 12 de julio de 2017

Para ampliar el marco de referencia sobre usos y creencias asociadas a esta clase de piedras mágicas, antiguamente relacionadas con la medicina y la salud humana, puede consultarse la entrada: Las “piedras de los sapos” (Krötensteine) o "bufonites" (Bufoniten), también publicado en este mismo blog, dentro de la serie "Creencias y prácticas populares relacionadas con algunos tipos de fósiles, considerados en Austria como “piedras curativas” (Heilsteine) o “piedras protectoras” (Schutzsteine)" 


Sobre las llamada piedras de sapo (pietre di rospo)


Una antigua tradición mágica muy generalizada en toda Europa, mantenía firmemente arraigada la idea fabulosa de que unas pequeñas y extrañas piedras, de forma hemisférica o cóncavo-convexa, de contorno redondeado o elíptico, con la superficie convexa muy lisa y brillante, mientras que la superficie cóncava era rugosa y mate, con diversas coloraciones y tonalidades terrosas que iban desde el color avellana oscuro hasta el naranja rojizo, e incluso el amarillo, eran una clase de piedras mágicas que se habían generaron dentro de la cabeza de algunos sapos viejos de gran tamaño. Las halladas casualmente en el campo se creía que correspondían a piedras de sapo extraviadas por sus poseedores humanos, vomitadas accidentalmente por sapos vivos o procedentes de la descomposición de cadáveres de sapos muertos.


Decenas de dientes palatales fósiles de Lepidotes, recolectados en sedimentos marinos mesozoicos del Reino Unido, reunidos en la exposición del Museo Escocés de Historia Natural. Conocidos popularmente desde la antigüedad como "toadstones", es decir, "piedras de sapo"
Imagen: MNS

En realidad, esta clase de piedras supuestamente prodigiosas eran los dientes palatales o molariformes fósiles de algunos tipos de peces marinos de tipo óseo (Osteictios). En unos casos l
as piedras de sapo eran los dientes palatales fósiles de un tipo de peces denominado científicamente Lepidotus o Lepidotes peces que aparecieron en escena en la época del Triásico superior-Jurásico, hace entre 230 y 200 millones de años y que se extinguieron a mediados del Cretácico. En otros casos las piedras de sapo eran los dientes molariformes fósiles de otro tipo de peces marinos, mucho más modernos que vivieron durante el Mioceno, como es el caso del Género Sparus
Por lo tanto siempre y cuando los materiales geólogicos de una localidad europea sean de origen marino y de las antigüedades apropiadas, correspondientes a alguna de las dos épocas citadas, allí pueden hallarse piedras de sapo de alguno de los dos tipo de dientes fósiles mencionados .


Aspecto de 2 dientes molariformes fósiles de un tipo de espárido mediterráneo del Plioceno inferior, procedentes de la loclidad de Guardamar (Alicante). El ejemplar de la izquierda está visto por la parte superior (corona) y el de la derecha por la parte inferior (raiz). Tamaño: 5 y 7 mm. respectivamente. Antiguamente quien los hallaba creía haber encontrado las famosas y maravillosas piedras de sapo. Fotografía de Andrés López. 
Imagen: Foro de minerales

En los libros de magia natural, entre los médicos y curanderos de la Edad Media y del Renacimiento, e incluso posteriormente, se decía que solo aquellos sapos que habían superado una edad de más de 7 años, habrían sido capaces de producir esta clase de piedras maravillosas. Pero advertían que no todos los sapos viejos cazados con la finalidad de hacerles expulsar de su interior tales piedras maravillosas, las contenían en su interior (Evans J. Serjeantson M. 1960: 129).
Además también se decía que las mágicas piedras de sapo solamente se podían obtener mediante la puesta en práctica de unos procedimientos rituales muy precisos:
"La piedra de sapo (pierre de crapaut) que algunos llaman bórax, chelonite, batrachite o crapaudine [también bufonites, derivado de la palabra latina bufo (sapo)] derivada de la palabra francesa “crapaut” (sapo), y que otros denominan garatroine, es llamada por los alemanes Krottenstein [derivado de la palabra alemana Kröte (sapo)] Porque según una creencia vulgar se dice que son una clase de piedras expulsadas por la boca, por los sapos viejos, aunque otros dicen que esa piedra se forma y se conserva dentro del cráneo que hay que abrir para extraérsela.
Recuerdo que cuando yo era niño cogí un viejo sapo, y al punto de la media noche lo puse sobre una tela roja, con el fin de obtener la piedra mencionada (pues según se contaba el sapo no entrega fácilmente su piedra, más que cuando se le deposita encima de un paño rojo, a esa hora), pero después de haberme pasado toda la noche observando al animal, el sapo no expulsó nada por la boca, y desde entonces creo que todo lo que se cuenta sobre la "piedra de sapo" y sobre su origen, son invenciones."
(Boodt A. B. de 1644, Le parfaict joaillier: 385).



Página del libro "De rerum fossilium, lapidum et gemmarum”, impreso en Tiguri (Suiza), en 1565, en que se trata sobre la "piedra de sapo". En este libro, el primero de su clase que estaba ilustrado, escrito por el médico y naturalista suizo Konrad Gesner, se trataba sobre toda clase de objetos obtenidos por excavación artificial o natural del terreno, además de los verdaderos fósiles, también incluía los minerales, los cristales y los objetos arqueológicos.
Imagen:
Books Google



Se creía que la piedra de sapo poseía admirables poderes antivenenosos y cada autor recomendaba formas específicas de aplicación para aprovechar al máximo tales facultades mágicas de la piedra. Algunos autores ponían más énfasis en los poderes mágicos preservativos, como hace el florentino Roberto di Guido Bernardi en su Recetario de Secretos, publicado a mediados del siglo XIV, en el que recomienda lo siguiente:
"No solo es una preciosa piedra coloreada, que se encuentra en el interior de la cabeza de los sapos viejos. Sino que si se pone dentro un vino fuerte y se deja reposar durante tres o cuatro días, comunicará su virtud antivenenosa al citado vino fuerte. 

Se recomienda tragar esta clase de piedras para limpiar las entrañas de la suciedad y de los residuos de los excrementos. [La piedra después de este uso podía ser recuperada, limpiada y utilizada nuevamente]
Mientras se está mirando esa piedra o si la mantiene cerca de si mismo ningún animal peligrosos podrá hacerle daño, ni serpiente, ni lobo, ni perro rabioso." (Recetas, encantamientos y secretos, 1897: 73). 

Otros autores también insisten sobre los extraordinarios poderes preservativos y curativos de esta clase de piedras y sobre su uso terapéutico: 
"Si se lleva sujeta al brazo y está el veneno cerca, esta piedra se calienta, escuece y abrasa la parte en contacto [...] Estando cerca de una olla o taza envenenada, la piedra cambiará de color y empezará a sudar. Si esta piedra se ingiere inmediatamente después de haber tomado el veneno, superará al poder del veneno y todo su efecto será anulado y poco después, tras haber realizado la digestión, la persona se recuperará con todas sus facultades [...] " (Passera, F. Il nuovo tesoro degl'arcani farmacologici, 1688: 845).


Grabados antiguos extraídos del tratado medieval de medicina "Hortus Sanitatis" (1491) versión latina de la primera edición alemana publicada en 1485 en los que se muestra la obtención (arriba) y la utilización (debajo) de la denominada "piedra de sapo" un amuleto y un remedio muy valorado en la sociedad y en la medicina de aquella época.
Imágenes: Wikipedia

Algunos otros médicos, boticarios y naturalistas, pese a no dar crédito a la creencia popular sobre el supuesto origen sapino de esta clase de piedras, seguían creyendo en su imaginaria capacidad antivenenosa, sin haberse preocupado de investigar suficientemente sobre sus propiedades, todas ellas demasiado fantasiosas e  insistiendo en su uso medicinal. Esto puede verse en Ferrante Imperato:
"La piedra sapo que según la opinión común se encontrará en la cabeza del sapo [...] es similar en la figura a una cabeza de clavo, convexa de la parte de encima y cóncava de debajo, donde muestra los vestigios de su tallo [...] nacidas sobre algunas piedras a modo de unos pequeños hongos, a los que no sólo se asemejan en la forma, sino también en la coloración [...]; se estima que esta piedra es un antídoto contra los venenos y que destruye las piedras de los riñones y que reduce el rigor de las fiebres de larga duración" (Imperato, F., Dell' historia naturale, 1599: 661).
La fama de estas piedras maravillosas y de sus poderes prodigiosos fueron tan grandes, especialmente en los países del centro y norte de Europa, que algunos escritores célebres las citaron en la trama de sus obras literarias, como por ejemplo:
"- Dulces son los usos de la adversidad que como el sapo, feo y venenoso, lleva una preciosa joya en su cabeza" (Shakespeare W. As You Like It. 1599: Act. II, esc. 1).
James Branch Cabell en su cuento 'La hija de Baltasar' (1927) y en su posterior adaptación teatral 'Los comerciantes de Joyas', (1940), relata como Alessandro de Medici intenta seducir a la joven Graciosa, ofreciéndole alguna de las varias piedras preciosas que tiene en su poder, incluyendo un anillo con una "piedra sacada del cerebro de un sapo".

Además, las más famosas de todas ellas, adquirieron una especie de identidad específica, puesto que incluso se les otorgó un nombre particular derivado del de su primitivo propietario, tal como cita Niccolò Serpetro:
"La Piedra Bufonia, llamada Grateriana fue encontrada el 27 de junio de 1473 por Bertoldo Grattero, de Hopstachio, en el valle de Dipachiana, en Suania, cerca de un pequeño lago, en un lugar donde días antes Bertoldo había observado una gran concentración de serpientes y sapos. Encontró una serpiente y un gran sapo muertos y, en el suelo, muy cerca de ellos, una de estas piedras recubierta de moco. Esta piedra es muy famosa por sus virtudes curativas milagrosas. Es capaz de sanar tumores malignos, curar a los envenenados, a los biliosos, a los afectados de erisipela, de aposteme o de carbunclo, incluso desencanta al ganado que ha sido embrujado.
Dicen que también es beneficiosa contra los encantamientos de las brujas y en particular contra el “mal de ojo” lanzado sobre los niños y sobre las mujeres que están de parto. Previamente a su uso debe ser calentada cerca del fuego dentro de una bolsita, luego se saca caliente y se aplica sobre la piel desnuda, frotándose con ella el lugar afectado. Cuando la piedra se aplica a los maleficiados, inmediatamente comienza a sudar"
(Serpetro N., Mercato delle Meraviglie, 1653: 183-184).


Ilustración de los objetos petrificados comúnmente llamados "ojos de serpiente" en Italia y Malta o "piedras de sapo" en Alemania, España, Francia o Suiza, junto a mandíbulas y maxilares de peces marinos espáridos del mediterráneo, mostrando los dientes molariformes. Los fósiles malteses supersticiosos fueron interpretados correctamente como dientes fosilizados de peces marinos, por el artista y naturalista Agostino Scilla (Scilla, A. La vana speculazione disingannata dal senso, 1670, Tabla II).

Giacinto di Gimma relataba en el siglo XVIII que la familia del médico flamenco Levin Lemmens conservaba en su poder una piedra de sapo (pietra bufonia) apodada Lemmiana, del tamaño de una avellana, con la que había realizado diversas experiencias curativas en sus pacientes afectados por mordeduras venenosas que recoge en un libro titulado De occultae naturae miracula, lib. 2 cap. 30. publicado en 1555. Gimma dice que: 
"la piedra hacía desaparecer rápidamente las hinchazones causadas por las picaduras de los animales venenosos en cualquier parte del cuerpo, frotándola repetidamente sobre la hinchazon pues se cree que pose la misma propiedad natural que tiene esa bestia [sapo], que saliendo de su madriguera es capaz de consumir cualquier veneno. Y si alguno de sus pacientes había sido mordido por topo, lirón, araña, avispa, escarabajo o por otros animales similares, inmediatamente recurría a aplicar el remedio de la piedra [de sapo]  poniéndola sobre la parte atacada, el dolor cesaba inmediatamente y la hinchazón desaparecía." ( Gimma, G. Della fisica sotterranea, tomo 1., liv. 4, 1730 p. 512)


Anillos protectores elaborados con "piedra de sapo" ("pietra di rospo")

Las denominadas piedras de sapo, para que pudieran ejercer su poder mágico de protección de manera continua y permanente, preferiblemente, eran llevadas incrustadas en unos anillos o pulseras que estaban perforadas donde ellas estaban incrustadas, de tal modo que la piedra pudiera estar en contacto directo con la piel de sus propietarios y así pudiera advertirlos con gran prontitud de que estaban muy cerca de algún peligroso veneno oculto que amenazaba su vida:
"Mediante la incrustación de la "piedra de sapo” en un anillo de oro, de tal modo que la piedra toque la carne del dedo, se consigue que en cuanto se presenta algún veneno, la piedra produce tanto calor que le parecerá que un carbón ardiente le está abrasando en el dedo" (Bonardo G. M., La Minera nel Mondo, 1589: 21r).

Esta práctica supersticiosa estuvo muy extendida en toda Europa, por este motivo en muchos museos europeos se pueden encontrar anillos-amuleto con piedras de sapo. En las colecciones de joyería antigua...y moderna de varios museos europeos, se conservan anillos con piedras de sapo incrustadas y que en su gran mayoría pertenecen a los tiempos de finales de la Edad Media y de principios de la primera Edad Moderna.



Anillos británicos del  siglo XVII, elaborados con oro y adornados con una o más piedras toadstone, es decir, piedras de sapo. En el Reino Unido la absurda creencia supersticiosa se mantuvo vigente hasta bien avanzado el siglo XIX
ImagenVictoria & Albert Museum 



En el Museo de South Kensington de Londres, actualmente denominado "Victoria and Albert Museum", se conservan diveros anillos de sello que llevan incrustados dientes fósiles del paladar procedentes del pez fósil Lepidotes (Ettlinger E. British amulets in London Museums, 1939: 149). 

Incluso el Museo Pitt Rivers y el Museo Ashmoleano de Oxford conservan algunos anillos similares, descritos e ilustrados por Kenneth Oakley (Oakley K. P., Decorative and Symbolic Uses of Vertebrate Fossils. 1975: 89), incluyendo uno que fue comprado en Florencia (Italia), en 1919, por Walter L. Hildburgh. (Pitt Rivers Museum, inv. 1985.50.323.)

También están presentes dos anillos con piedra de sapo (lapis bufonius) en el Museo Nacional de Dinamarca en Copenhague, (Gundestrup B. Det Kongelige danske Kunstkammer 1737 Kopenhaga, 1991-1995: 158-159) 

Como una evidencia material del hecho de que las piedras de sapo (toadstones) fueron objetos muy codiciados, en su época de máximo explendor, por los que se pagaban grandes sumas de dinero. El paleontólogo británico Kenneth Oakley identificó la presencia de un anillo con una piedra de sapo falsificada, existente en las colecciones del museo Pitt Rivers:
"En un anillo de piedra de sapo, falsificada, procedente de Francia, se habría alcanzado la perfecta imitación de un diente fósil de Lepidotes. El engaño fue conseguido por medio de un cuidadoso tallado y pulido de un pequeño fragmento de hueso de mamífero al que se le dio la apariencia apropiada." (Pitt Rivers Museum, inv. 1977.5.3.) 



Sobre la expansión geográfica de los "ojos de serpientes" ("occhi di serpenti")

La primera zona de Europa en donde más tempranamente se tiende a no seguir asociando los dientes fósiles de Lepidotes con las viejas piedras sapo, fue en el centro y sur de Italia, donde el comercio de la tierra de Malta y de los fósiles asociados al culto de san Pablo, fue más temprano y más activo, ello fue posible debido a su mayor proximidad a la isla de Malta, lugar de procedencia de las creencias y de los objetos supersticiosos.
Con el paso del tiempo y de forma progresiva los dientes fósiles de Lepidotes y de Sparus del sur de Europa que hasta ese momento habían sido creídos piedras expulsadas de la cabeza o del estómago de sapos viejos, van cambiando de interpretación. El cambio de paradigma se produce al quedar sometidos esos fósiles a la novedosa y fuerte influencia de la nueva corriente del curanderismo sureño, de inspiración religiosa y justificación milagrosa sanpaulinista, que procedente de la isla de Malta, que se va extendiendo rápidamente y haciendo hegemónica. En este nuevo contexto los dientes fósiles de Lepidotes y los de Sparus, continentales, van dejando de estar sometidos a la influencia de las antiguas creencias mágicas tradicionales y van siendo asimilados por el complejo mítico-ritual, ligado al poder antivenenoso de San Pablo apóstol y al milagro de la eliminación del veneno ofídico y de las serpientes venenosas de la isla de Malta.

El proceso europeo de substitución de la primitiva explicación mágica y pagana del supuesto origen sapino de los dientes fósiles de Lepidotes y Sparus que se había iniciado en Italia, continuó ganando adeptos y extendiéndose por toda Europa, a medida que la que era inicialmente una asociación legendaria, nueva y minoritaria, de los dientes fósiles de Lepidotes y Sparus con san Pablo apóstol, finalmente 
acabó por hacerse única, excluyente y permanente en la mayor parte del continente.

Representación iconográfica oficial de san Pablo Apóstol, de frente, de cuerpo entero, coronado con un halo luminoso.  Majestuosamente sujeta en su mano izquierda una larga espada y un libro, mientras su mano derecha levantada está bendiciendo. Aparece rodeado de las inquietantes figuras: varias serpientes rastreras y otras rampantes en actitud agresiva y también un legendario basilisco al fondo.
Estampa devocional popular siciliana de san Pablo, de finales del siglo XIX. Colección privada. 
Imagen: figura 5, en Tra bambini e acque sporche   de 
Giancarlo Baronti

Aunque en Italia la propagación de las prácticas y creencias asociadas a las denominadas piedras sapo parecen haber sido un fenómeno particularmente relevante durante la Edad Media, debe tenerse en cuenta que, por regla general, no se utilizaron con propósitos antivenenosos, sino con otros bien distintos, esta particularidad quizás explicaría el éxito que tuvieron los ojos de serpiente en su substitución:
"Desde hace unos pocos años se ha extendido por casi toda Europa, pero más por Italia y Francia, el uso de ciertas piedras comúnmente llamadas "piedras del sapo". A pesar de que no son reales sus virtudes, se usan contra el vértigo, contra el mal del flanco y contra los accidentes del corazón" (Tesoro delle Gioie, 1670: 126).

Incluso en un texto legal italiano del siglo XVI, se cita la existencia de anillos protectores con piedras protectoras "falsificadas", similares a los anteriormente comentados que se usaban en Inglaterra, Francia y Dinamarca. Este texto legal italiano está relacionado con un proceso judicial celebrado en Roma en 1595:
" Se trata de unos estafadores sin escrúpulos que han engañado hábilmente a los aldeanos, vendiéndoles anillos falsos [con los supuestos "ojos de serpiente" petrificadas milagrosamente por san Pablo en Malta] y también "tierra de la Gracia de san Pablo" que también era falsa." (Piero Camporesi, Il libro dei vagabondi, 1973: 357).


Aspecto de tres fragmentos de placas palatales fósiles, de Lepidotesrecolectados en sedimentos marinos mesozoicos del Reino Unido, expuestos en la exposición del Museo Escocés de Historia Natural. Completamente recubiertos de dientes dispuestos en hileras según tamaños en el borde o el centro. Los dientes sueltos, desprendidos, eran conocidos popularmente como "toadstones", es decir, "piedras de sapo"
Imagen: MNS

Podemos ver como este proceso de transformación iniciado en Italia se manifiesta en otros lugares de Europa, aes como nos encontramos con que en un inventario francés de la primera mitad del siglo XVI, aún se puede identificar la coexistencia de los dos complejos mítico-rituales, asociados a los dientes fósiles de Lepidotes, el novísimo sanpaulino y el mágico tradicional. Puesto que mientras  los dientes fósiles de tiburón son llamados "lenguas de serpiente" de acuerdo a la nueva tradición sanpaulina, resulta que los dientes fósiles de Lepidotes todavía son asociados con la vieja tradición mítica asociada a la figura del sapo:
- "Seis "lenguas de serpiente" y "crapaudinas [o piedras de sapo]", todas engarzadas en plata y unidas por una pequeña cadena de plata" (De la Tremouille L. Inventaire de François de La Trémoille, 1542, 1887: 12)

A finales del siglo XVII, el médico checo Simon Aloysius Tudecius (Tudecius S. A. 1678-1679: 289) informa haber visto en Praga, un lujoso brazalete confeccionado con "ojos de serpiente petrificados" en el brazo de una mujer, de familia noble. De esto se puede inducir que en ese momento, en el reino de Bohemia (actual Chequia), los dientes fósiles de Lepidotes y Sparus, ya habían entrado a formar parte de la tradición sanpaulina que debía ser la dominante en aquella época. 
De las notaciones del  médico y naturalista británico Walter Charleton, realizadas hacia  finales del siglo XVII, también se desprende esa misma idea, para las supersticiones del Reino Unido
"A unas piedrecitas que aseguran ser procedentes de la isla de Malta [...] cuyos habitantes las llaman "ojos de serpiente petrificados" [...] sus varones preclaros les atribuyen virtudes en la curación de las afecciones de los ojos y de la cabeza" (Charleton, W., Exercitationes de differentiis nominibus animalium. 1677: 25).


Copas antiveneno con "ojos de serpientes" ("occhi di serpenti")

"Uno de los primeros y principales motivos que hubieran podido propiciar la regresión de las primitivas creencias curativas y usos sociales supersticiosos asociados a las viejas "piedras de sapo", pudiera haber sido la temprana introducción y uso en Europa, de unas copas de cerámicas, a las que se creía dotadas de virtud antivenenosa que estaban elaboradas en la isla de Malta, con la tierra milagrosa extraída de la Gruta de S. Pablo.
Para evitar falsificaciones y garantizar su autenticidad, pero también para reforzar su efecto milagroso preventivo de envenenamiento, los artesanos malteses que las habían elaborado incrustaban en su interior algunos dientes fósiles palatales de Lepidotes, durante la primera fase de modelado cuando el barro aún estaba blando. Una vez endurecidas tras el paso por el horno, los dientes fósiles incrustados aparecían en forma de unos relieves característicos en la superficie del interior de estas copas"
(Zammit-Maempel G. Fossil Sharks' Teeth: A Medieval Safeguard Against Poisoning, 1975a: 90).




Nota informativa:


El texto que compone esta entrada, ha sido extraído casi íntegramente de una obra del antropólogo y etnólogo italiano Giancarlo Baronti, especialista en curanderismo tradicional y medicina mágica popular italiana. El texto original italiano ha sido traducido y adaptado al castellano y ligeramente modificado, con algunas pequeñas adiciones y correcciones, además de todas las ilustraciones y sus comentarios asociados, por quien escribe.
El material original del Dr. Giancarlo Baronti  está contenido en el interesantísimo libro: Tra bambini e acque sporche. Immersioni nella collezione di amuleti di Giuseppe Bellucci  (2008).

domingo, 24 de septiembre de 2017

El registro fósil en la heráldica municipal europea (21)

por Heraclio ASTUDILLO-POMBO,  Universitat de Lleida.


Blasones municipales, de algunas localidades europeas que se muestran orgullosas de su patrimonio paleontológico. (Continuación, parte veinteava).


El gigantesco tronco fósil de Pinuxylon, del Mioceno, de Ipolytarnóc (Hungría) (2ª Parte)


Historia y circunstancias del descubrimiento científico del árbol petrificado


El descubrimiento científico del portentoso ejemplar de tronco fosilizado del árbol gigante de Ipolytarnóc, se llevó a cabo por el aristócrata, jurista, arqueólogo y paleontólogo Ferenc Kubinyi. Quien había acudido hasta la localidad de Losonc en el año 1836, después de haber sido avisado de la existencia del portentoso fósil por un conocido suyo, quien le había informado del sorprendente afloramiento del gigantesco tronco petrificado. Desde ella se desplazó hasta el barranco de Borókás para su primeras observaciones.  

Retrato de Ferenc Kubinyi en la época en que realizó los primeros estudios del tronco fósil de Ipolytarnóc
Imagen: Wikipedia

La diligencia de Ferenc Kubinyi y la premura de su visita resultarían providenciales para el conocimiento científico del enorme ejemplar paleontológico, pues le permitió iniciar la investigación científica mucho antes de que el singular fósil fuera conocido muy lejos del lugar del hallazgo, por mucha gente sin ninguna sensibilidad conservacionista. En ese mismo año de 1836 ya se había iniciado la ávida explotación del atractivo material silíceo de que estaba constituido el tronco fósil de Ipolytarnóc, a pequeña escala. Con el paso de los años las actividades extractivas ejercidas sobre el tronco fósil resultaron ser demasiado devastadoras como para poder haber llevado a término su estudio científico, algunos años más tarde.Las primeras actividades de investigación y excavación científica del gigantesco tronco fueron dirigidas por el mismo Ferenc Kubinyi, luego, sus implicaciones políticas y militares, en revueltas nacionalistas, producidas en el seno del decadente y complicado imperio austro-húngaro, de aquella época, le obligaron a apartarse del estudio científico e incluso a exiliarse.
En 1842 publicó un trabajo titulado "Estudio de un tronco gigante encontrado en la vecindad de Tarnószenthely, en el condado de Nógrád, en términos de magnitudes tridimensionales y en relación con los materiales geológicos circundantes" en el que daba cuenta de todas sus observaciones geológicas y paleontológicas, centradas exclusivamente en el estudio del tronco fósil gigante. En este estudio, Ferenc Kubinyi mencionaba que los fragmentos del tronco gigante desplomado sobre el torrente de de Borókás y fragmentado en dos grandes porciones y otras más pequeñas, reunidos medían en total unos 40 m. de longitud y unos 3 metros de diámetro. Ferenc Kubinyi denominaba al tronco fósil de Ipolytarnóc con el oscuro y vago nombre de "Petrefactum giganteum Humboldi". Este oscuro nombre genérico, impuesto por Ferenc Kubinyi, entonces ya resultaba anticuado para la época, debido a su imprecisión biológica y opacidad botánica, pues solo hacía alusión a ciertas características muy superficiales de su aspecto externo, pero no precisaba su naturaleza biológica, ni su clasificación botánica. Además de que el nombre específico no aludía a nada relacionado directamente con el fósil, sino que aludía al gran naturalista y explorador alemán, Alexander von Humboldt, por el que Ferenc Kubinyi sentía una profunda admiración y a quien quería homenajear de esta manera.

En la Academia de Selmecbánya, precursora de la Universidad de Dunaújváros, en Banská Štiavnica (Eslovaquia), se analizó la composición química de la madera petrificada, a partir de unas muestras procedentes del árbol de Ipolytarnóc que había aportado Ferenc Kubinyi. Resultando que el material que constituía el tronco del árbol gigante de Ipolytarnóc, estaba compuesto por sílice (86,00%), agua (9,22 %),  carbono (2,78 %), arcillas (1,32%) y otras diversas substancias residuales (0,54%). Se trataba de madera silicificada por un proceso de substitución de la materia orgánica del tronco por sílice disuelta en el agua de infiltración, procedente de la mortaja de toba volcánica que lo recubría.

Representación didáctica de la erupción del Vesubio del año 79 d. C., en un grabado de George Julius Poulett Scrope de 1822, basada en la descripción que hizo de ella Plinio el Joven, en una carta dirigida a Tácito. Este tipo de erupciones reciben su nombre científico en honor a Plinio el Viejo, tío de Plinio el Joven, que falleció en dicha erupción, por haberse acercardo demasiado al volcán para realizar observaciones detalladas. Esa misma erupción sepultó la ciudad de Pompeya.
Imagen:
Wikipedia


Distintas investigaciones geológicas y paleontológicas realizadas por diversos investigadores, con posterioridad a las realizadas por Ferenc Kubinyi, permitieron descubrir diversos aspectos relativos a la identidad botánica del gigantesco tronco del árbol de Ipolytarnóal, así como conocer mejor las condiciones ambientales y habitantes del lugar, en tiempos anteriores, simultáneos y posteriores al de su caída y enterramiento.
En 1865, el geólogo húngaro e ingeniero de minas y miembro de la Academia de Ciencias de Hungría, József Szabó, determinó la edad de los materiales que rodeaban el árbol fosilizado, como característicos del periodo Mioceno. Según sus estimaciones la erupción volcánica que había matado, derribado y enterrado al árbol de gran longitud que había excavado Ferenc Kubinyi, 30 años antes se habría producido hacía aproximadamente 11,5 millones de años

En 
1889, el paleobotánico húngaro Móric Staub, partiendo de los datos de las mediciones obtenidas durante la excavación realizada por Ferenc Kubinyi, corrigiendo los efectos de la deformación ocasionada por el aplastamiento sedimentário, estimó que el árbol gigante tendría en la base un perímetro circular de unos 8 m.


Aspecto de la imagen microscópica de un corte del tejido fosilizado del troncos del árbol gigante de Ipolytarnóc, según un dibujo coloreado de János Tuzson de 1901. Su comparación con el de otros permitió su primera identificación cientifica verdadera.
Imagen: Restos fósiles de plantas cenozoicas

En 1901, el paleobotánico húngaro János Tuzson empezó a examinar al microscopio  láminas finas sacadas de secciones del tronco del árbol fosilizado de Ipolytarnóc y comparándolas con las de diversos tipos de árboles prehistóricos. De la comparación realizada pudo determinar que los tejidos vegetales fosilizados parecían ser representativos de una conífera y más concretamente de alguna clase de pinos fósiles, puesto que no era representativa de ninguna especie de pino reciente o viviente en la actualidad. Como el nombre científico que le había impuesto Ferenc Kubinyi no tenía ninguna validez científicaJános Tuzson lo denominó Pinus tarnócziensis, el nombre específico aludía al lugar donde fue hallado el árbol fosilizado

En 1935, el paleontólogo austriaco Othenio Abel, denominaba a la zona fosilífera del barranco de Borókás, " Pompeya prehistórica magiar " en una publicación de investigación paleontologíca de renombre mundial, aludiendo a la gran cantidad de impresiones  de plantas y de huellas de vertebrados terrestres, sobrenombre que aún se conserva en la actualidad. 

En 1954, el botánico húngaro Greguss Pal empezó a observar al microscopio, secciones finas de los tejidos fósiles del árbol de Ipolytarnóc y comparándolas con las de otros árboles fósiles, de antigüedad semejante. Cuando en 1967 las comparaba con las muestras de un árbol gigante fosilizado hallado en Penthatlón (Grecia), llamado Pinuxylon lambertoides, apreció un gran parecido entre ambas. Basándose en las similitudes en la estructura histológica y en el extraordinario tamaño de ambos ejemplares, decidió realizar un cambio en la identificación y denominación genérica, de modo que cambió el nombre nombre científico, pasando a denominarlo Pinuxylon tarnocziense, nombre científico que aún conserva en la actualidad.

En unas excavaciones realizadas en la década de 197o se hallaron nuevos fragmentos de la parte alta del tronco gigante que permitieron estimar que aquel árbol "en posición de vida", debió haber alcanzado algo más de 60 m. de altura. En 1985, mientras se realizaban las obras de construcción del Parque Paleontológico de Ipolytarnóc, al realizar la excavación de de los cimientos y el sótano de uno de los edificios de exposición de las colecciones de fósiles, se halló la parte correspondiente a la copa del árbol gigante de Ipolytarnóc, con esta nueva porción, añadida a las anteriores la altura total del árbol gigante de Ipolytarnóc ya alcanzaba los 90 m. de altura. Pero como no se han hallado nuevos fragmentos del árbol gigante de Ipolytarnóc, correspondientes a la base del tronco desde finales del siglo XIX, en que se había estimado que la base del tronco gigante, debió medir unos 8 m. de perímetro y 3 m. de diámetro, nada ha hecho variar esos datos.


Restos de lo que queda de una de las grandes porciones del tronco fósil del árbol gigante de Ipolytarnóc, en la actualidad, expuestos en una de las salas de la exposición dedicadas divulgar el patrimonio del sitio paleontológico. 
En la pared gris del fondo, tras el guía que explica a los visitantes cada una de las diversas paradas ilustrativas a lo largo del itinerario didáctico, se puede ver dibujada en negro una gran circunferencia de 3 m. de diámetro para visualizar y comparar el perímetro que tenía el tronco fósil, en la zona de la base, cuando fue descubierto por Ferenc Kubinyi en 1836.
Imagen: Restos de árboles fósiles

También se pudo saber que su caída había estado provocada por una gran erupción volcánica que había destruido por completo todo un bosque subtropical, prehistórico, del cual el árbol gigante de Ipolytarnóc formaba parte integrante y que este suceso catastrófico había sucedido casi 20 millones de años antes. Todos los árboles que constituían aquel bosque subtropical prehistórico fueron derribados al mismo tiempo y en la misma dirección, por efecto de una fuerte explosión volcánica. Debido a su gran violencia, tuvo que haberse producido en algún lugar bastante cercano, pues por efecto de la onda expansiva todos los árboles de aquella zona fueron derribados, quedando tumbados casi horizontalmente debido a que la superficie del terreno arrasando debía ser muy llana. Poco después una gran nube de cenizas volcánicas ardientes se precipitó sobre la zona, cayendo desde el cielo, abrasando todo lo que era combustible, mientras todo iba quedando sepultando debajo una capa de polvo volcánico, de tipo riolítico, de unos 3 m. de grosor.

Secciones pulidas de troncos petrificados de árboles prehistóricos, hallados en el barranco Borókás y expuestas en el Parque Paleontológico de Ipolytarnóc. Arriba, a la derecha, la sección vertical de un tocón fósil, mostrando el veteado característico de la madera silicificada, y abajo, a la izquierda, la sección horizontal de un tronco, mostrando los anillos concéntricos de crecimiento anual. Fotografía original de Robert Németh
Imagen: Paleontological ehxibition site


Tras la erupción volcánica, la mayor parte del tronco del árbol gigante y de los otros ejemplares de porte más más modesto, que han sido hallados posteriormente, dispersos por toda la zona del barranco de Bórokás, quedaron incluidos en una capa mixta de transición formada por restos vegetales, suelo forestal, arena y ceniza volcánica, situada sobre una capa de piedra arenisca, depositada algunos pocos millones de años antes, que contiene huellas de vertebrados terrestres y dientes de tiburón, depositada con anterioridad a la erupción volcánica, y bajo una capa de toba volcánica pura, situada en la parte alta que se acumuló por efecto de la fase final de la "caída pliniana" de cenizas volcánicas, sobre los árboles ya derribados y mezclados con material del suelo del bosque. 

Fragmento de toba volcánica con algunas impresiones o huellas de diversos tipos de hojas de diferentes plantas que convivían con el árbol gigante. Su identificación botánica permite conocer la composición botánica de la comunidad forestal dominada por el pino gigante
Imagen: Pangea

Un estudio detallado de las características histológicas y botánicas de los tejidos de diferentes clases de troncos de árboles petrificados y las impresiones fósiles de hojas en la toba volcánica, realizado recientemente, reveló que en la antigua selva subtropical en la que vivía el árbol gigante de Ipolytarnóc, hace unos 20 millones de años, también coexistían con él otras 7 especies más de coníferas arbóreas, 4 especies de árboles caducifolios y 1 especie de palmera. 


Continuará próximamente...